Memorias de Micaela

La tarde en que lo iban a degollar, Tùpac Amaru se despertò un cuarto para las doce de la tarde para esperar el caballo en donde venìa su padre. En su profundo y dulce sueño el habìa soñado que corrìa entre los pinos, en donde existìa un sol resplandeciente y en ese mismo instante fue digno de su sueñ, pero al despertar se sintiò embarrado de vòmito de niño acolerizado.
Todos los dìas soñaba con los pinos, me dijo Micaela Bastida, su esposa, evocando 39 años de aquel martes maldito.
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